Nuestros peques de 3 años se han convertido en auténticos expertos en soplar.
Sentados en círculo, descubrimos que el aire no solo sirve para respirar… ¡también para divertirnos muchísimo! Soplamos fuerte y luego muy despacito, como si apagáramos una vela invisible.
¡Algunos se sorprendieron al sentir cosquillas del aire! Después llegó el momento estrella: pajitas y bolas de seda. Las bolitas volaban por la mesa, caían al suelo y parecía que jugaban al escondite. Risas, carreras y soplidos tan potentes como los de un dragón.
Para terminar, compartimos cómo nos sentimos… y todos lo tuvieron claro: ¡Nos encantó soplar, jugar y aprender respirando!







