Intercambio estudiantil de un grupo de alumnos de 3º y 4º de ESO en el Collège St Laurent La Salle de Francia

Jordi Planellas, profesor de la asignatura de francés de la Escuela, y que acompaña al grupo de alumnos que se encuentra de intercambio en Blain (Francia), nos relata, a continuación, crónicas diarias acerca de las vivencias de nuestros alumnos durante su estancia en el Collège St Laurent La Salle en un intercambio estudiantil que empezó el 10 de diciembre y durará hasta el domingo 17:

Lunes 11, diciembre 2017.

” El viaje comenzó ayer con una hora y media de retraso que supimos sobrellevar como mejor pudimos. Al fin subimos al avión y emprendimos viaje hacia Nantes con algunas turbulencias que nos pusieron el miedo en el cuerpo. Finalmente llegamos a Nantes y allí estaban las familias esperando a los chavales. Hacía las 12 de la noche llegábamos a nuestros respectivos alojamientos.
Sin solución de continuidad, esta mañana a las 8 estábamos ya en el colegio donde el director nos ha hecho una recepción dándonos la bienvenida.
Hemos tenido clase, hemos visitado el colegio de arriba a abajo y a las 12:30 hemos parado para comer. Después de comer hemos visitado el Castillo de Blain donde un amable guía vestido con atuendo medieval nos ha explicado los pormenores de la historia del castillo. Para acabar los alumnos han hecho una pequeña gymcana por el centro de la población con el fin de conocerla más a fondo. A las 17 h hemos vuelto rápidamente para recoger a los correspondientes y volver a sus casas de acogida.
Y ese ha sido el día de hoy. Mañana, más.”

 

 

Martes 12, diciembre 2017.

“Hoy, martes, hemos estado básicamente en el colegio. Los alumnos están divididos en dos clases y siguen a sus correspondientes a las clases que ellos hacen. Yo hago lo mismo con mi colega francesa y voy a las clases que ella da. Intentamos que mi presencia les estimule a la hora de hacer preguntas y animarles a hablar. Hay que decir que resulta sorprendente y envidiable el orden y el tono de voz moderado de los alumnos de este centro. A las 11 los alumnos españoles han escuchado un villancico francés que han tenido que completar y después cantar y viceversa, los alumnos franceses han escuchado el “Arre borriquito”, lo han completado y después lo han cantado. Como una de las alumnas francesas se marcha porque se cambia de centro, han traído algunos cosas para picar y beber y los alumnos han puesto música y han bailado unos cuantos temazos juntos. Para no perder la costumbre, los alumnos españoles les han puesto la “Macarena”.
Después, descanso para comer y a las dos hemos retomado las clases. De hecho, los alumnos españoles han tenido unas pruebas de comprensión oral, escrita y una pequeña redacción que les contará para nota. Más tarde, en la clase de Educación Física, nos hemos desplazado a un pabellón multiusos del Ayuntamiento y allí hemos practicado ping-pong. La verdad es que nos han dado un bañito. Ahora, eso sí, yo juego mejor que nuestros estudiantes. Se notan los efectos de los videojuegos en las nuevas generaciones, ya ni juegan a futbolines ni a ping-pong. A las 5 de vuelta al cole para coger los autobuses y volver a casa. Mañana más.”
Miércoles 13, diciembre 2017
Los miércoles aquí en Francia el día acaba pronto. Empiezan a las 8:15 y acaban a las 12:30. Esta mañana he seguido al otro grupo de alumnos que ha repetido la clase de Educación Física. Unos cuantos han jugado a basket y unos pocos hemos jugado a ping-pong otra vez. Las instalaciones son del Ayuntamiento y están súper bien. Después, hemos vuelto y la última hora, los alumnos no han tenido clase, ya que sus correspondientes tenían hora de estudio en una sala de estudio y no había sitio para todos. Así que nuestros alumnos han estado esperando a sus correspondientes en el patio. Más tarde, se han encontrado y han pasado el resto del día juntos. Algunos padres habían preparado alguna visita o actividad especial.
Jueves 14, diciembre 2017.
Hoy era día de excursión a Nantes. Sólo, sin nuestros correspondientes. Nos ha acompañado la profesora francesa de español con la que hemos organizado el intercambio junto con una compañera recientemente jubilada. Hemos llegado a Nantes después de unos 40 minutos de trayecto. Nos ha sorprendido saber que Nantes tenía una importante zona portuaria con astilleros, hangares… en una ciudad a 60 kilómetros del mar!!!
Bueno, eso se debe al río Loira que la atraviesa formando una isla, antigua zona portuaria, hoy reconvertida en una vitalista zona llena de talleres de arte moderno. Hemos aparcado el minibus y hemos comenzado a caminar para descubrir lo que nos ofrecía Nantes. Uno línea verde pintada en el suelo, ayuda al turista a recorrer los enclaves más interesantes de la ciudad.
Caminando por la antigua zona portuaria salpicada de monumentos de arte moderno expuestos al aire libre, encontramos lugares curiosos como una divertida réplica de la luna con cráteres que son pequeñas camas elásticas. Ahí nos hemos entretenido un rato hasta que hemos tenido que seguir nuestro camino. El siguiente alto en el camino: una especie de estatua que parecía un erizo. Hemos atravesado un moderno barrio con edificios de atractivas fachadas, muchos de ellos según nos contaban, eran Escuelas de Arquitectura privadas que convierten a Nantes en un epicentro de la arquitectura y el urbanismo. Paseando, paseando y parándonos para hacer fotos en cada cosa que nos llamaba la atención, sobre todo elementos de arte moderno o arquitectónicos, como un campo de fútbol curvo o un parque con una atracción para niños con forma de dragón, hemos llegado a un Castillo de los Duques de Bretaña. Después de esta visita ,y por aclamación popular, los alumnos han tenido dos horas para ir a comer al templo del dios McDonalds. A las 15 horas hemos continuado nuestro periplo por un bello pasaje con elegantes tiendas y, de ahí, hemos puesto rumbo a la Machiine de Île, un curioso recinto que alberga como espectáculo enormes máquinas construidas representando formas de animales u otros objetos. Máquinas que pueden incluso transportar personas. Máquinas que recuerdan el pasado industrial del entorno en el que se encuentran pero que conectan también con el espíritu artístico y la creatividad de los diseñadores que se forman en esta ciudad. Finalmente, hemos acudido a un mega carrusel perteneciente también a esta compañía que contenía más máquinas y artilugios mecánicos , esta vez representando figuras de los fondos oceánicos. Después de mucha cháchara, nos han dejado subirnos a estas máquinas, que era lo que nos interesaba.
De ahí ya hemos vuelto al minibus, con ganas de sentarnos y volver a Blain y entrar un poco en calor, que de lluvia y frío ya teníamos bastante. El viernes, otra excursión.
Sábado 16  y Domingo 17, diciembre 2017.
Los últimos dos días, sábado y domingo, cada estudiante (y yo también) ha estado con sus familias de acogida que les han llevado a visitar sitios interesantes de la zona, a algún centro comercial que saben que les gusta a los adolescentes, o bien, a algún típico mercado de Navidad de algún pueblo pintoresco de los alrededores.
A mi, por ejemplo, me llevaron a un pueblecito todo de piedra muy cuco que estaba decoradísimo al estilo navideño, con puestecitos de todas clases vendiendo castañas, vino caliente especiado y productos típicos bretones, como las “galettes bretonnes” que son como los crêpes, pero hechos a base de una harina de trigo negro.. Las familias han hecho todo lo posible por complacer a nuestros estudiantes y se han esforzado por ofrecerles aquello que han pensado que les puede gustar.
Yo, por la mañana, aproveché para ir a correr por los alrededores de Blain siguiendo una ruta que transcurre a lo largo del canal Nantes – Brest, canal que fue construido por prisioneros españoles que capturó Napoleón durante la Guerra de Independencia.
A parte del canal, la ruta atravesaba bosques, cruzaba por medio de granjas con vacas, todo muy bucólico.
El domingo por la mañana ha sido el momento para preparar las maletas y después pasar las últimas horas con los correspondientes. En mi caso, mi compañera francesa me ha invitado a comer a su casa junto con su familia antes de llevarme al aeropuerto. Y finalmente, ha llegado la hora de las despedidas. Las caras eran de tristeza por separarse, pero también de alegría por haber vivido una experiencia inolvidable. Han caído algunas lagrimitas, pero había que separarse, si Dios quiere, hasta pronto.
Esperemos que haya una visita de vuelta a Paterna y, si no, que el curso que viene sean otros estudiantes de francés de 1º, 2º, 3º o 4º los que vivan esta bonita experiencia.
À l’année prochaine!