Alumna de 2º de GA relata su experiencia en el programa FCT Europa

El día 7 de marzo despegamos desde Valencia con destino a Irlanda con una mezcla de ilusión, nervios, incertidumbre y, por qué negarlo, algo de miedo por lo que estaba por venir. Íbamos a pasar los siguientes tres meses alejados de familia y amigos en un país, casa y lugar de trabajo desconocidos, además de hablando inglés, idioma al que tendríamos que habituarnos a usar en el día a día.

Así llegamos a la pequeña ciudad que iba a ser nuestra anfitriona y nos reunimos con las familias que iban acogernos durante la estancia. No todos nos conocíamos tanto como otros, pero teníamos la certeza de que estábamos juntos en aquello.

Con el paso de los días y las semanas, empezamos a hacernos a los horarios del país, el modo de interactuar con su gente y al trabajo en nuestras respectivas empresas. Al mismo tiempo, comenzamos a ver y tratar la ciudad en cierto modo como propia, frecuentando lugares en los que nos convertimos en habituales, sintiéndonos cada vez más cómodos viviendo con las familias de acogida y eventualmente saliendo con nuevos conocidos.

Por supuesto, también aprovechamos la oportunidad para hacer algo de turismo por algunos de los parajes y las ciudades más representativos de los alrededores para empaparnos más de la cultura irlandesa.

En su conjunto, se trata de una experiencia que hay que afrontar con una actitud concreta para permitirse disfrutarla: sin prejuicios ni idealización de lo propio, y con una mentalidad abierta y dispuesta a la adaptación. «When in Rome, do as the Romans do», como ellos dirían «Donde fueres, haz lo que vieres». De esta manera, uno es capaz de apreciar las virtudes del lugar en que se encuentra y su lugar de origen por igual.

Definitivamente es una vivencia valiosa, no solo por su valor a nivel laboral y académico, sino también a nivel personal. Aprender a desenvolverse en un ambiente e idioma ajenos, a pesar de que puede ser frustrante, acaba siendo muy estimulante, y a largo plazo, sortear las dificultades hasta que dejan de serlo resulta en una fuente de satisfacción y en un gran crecimiento individual.